Las tragedias recientes en rutas argentinas vuelven a exponer fallas repetidas: uso nulo del cinturón en ómnibus, conductores mal formados, infraestructura deficiente y un debate público que sólo se reactiva después de cada desastre. Especialistas advierten que las soluciones existen, pero el país sigue sin aplicarlas.

A los dos muertos de este fin de semana largo en la ruta 2, por el vuelco de un micro, hay que sumar la tragedia ocurrida el 26 de octubre en la Ruta Nacional 14, ,donde fallecieron 9 personas. Este último hecho dejó múltiples víctimas tras el desbarranco de un ómnibus. Con cada tragedia se vuelve a encender un debate que Argentina nunca termina de sostener: qué factores se combinan para que un siniestro derive en un episodio de esta magnitud y por qué seguimos repitiendo patrones que sabíamos evitables. Para profundizar sobre estos puntos, consultamos a Horacio Botta Bernaus, abogado, especializado en seguridad vial, con más de 25.000 siniestros analizados en treinta y cuatro años de trabajo.
Desde el comienzo, Botta Bernaus deja claro que no evalúa el caso puntual, sino las recurrencias que este tipo de hechos vuelve visibles. «Sin tener todos los elementos probatorios es muy difícil saber qué pasó, pero se dan dos o tres circunstancias que uno viene señalando desde hace mucho», plantea, usando la tragedia como espejo de un problema más profundo.
El cinturón en ómnibus, una costumbre que nunca se instaló
El especialista ubica en primer plano un factor que aparece una y otra vez en siniestros con víctimas fatales: el no uso del cinturón de seguridad en ómnibus. «En la mayoría de los servicios de larga distancia hay cinturones, pero es una práctica bastante olvidada ponérselo», señala. Esa desatención se combina con una sensación de falsa protección: «la idea de que un vehículo grande es un espacio seguro se cae en el instante en que hay un vuelco o una caída. Los pasajeros terminan despedidos y, muchas veces, aplastados por el propio ómnibus».
Según Botta, esa sola variable explica buena parte de la gravedad de este tipo de siniestros: «para tener semejante cantidad de víctimas, casi con seguridad la mayoría no usaba el cinturón». Y agrega que hoy existe tecnología para evitarlo: «podríamos tener sistemas que impidan arrancar si no están todos abrochados. Pero ni siquiera lo estamos discutiendo».
Los factores que se repiten: alcohol, infraestructura y falta de formación
Otro punto que menciona, si se confirma la presencia de alcohol en el conductor, es la alteración del tiempo de reacción. «El alcohol es un depresor del sistema nervioso. Vuelve al conductor torpe, lento, poco reactivo», explica. Ese deterioro, sumado a una ruta nocturna y condiciones atmosféricas adversas, hace que cualquier error se transforme en un episodio imposible de corregir. «Son factores que, juntos, terminan generando un accidente con semejante resultado», afirma.
El análisis técnico de un siniestro comienza por el entorno. Aunque no conocía el punto exacto donde ocurrió la caída, Botta Bernaus subraya que la infraestructura vial es determinante: «cuando hay un precipicio o una pendiente pronunciada, necesitamos estructuras que ayuden a corregir cualquier salida de calzada». La señalización, las defensas, el estado de las banquinas: todo eso es parte de la primera mirada pericial. «Siempre se evalúa si esa infraestructura contribuyó a agravar el resultado», explica. Una protección deteriorada, agrega, puede volver fatal una maniobra que, en condiciones adecuadas, se habría corregido sin consecuencias: «si la infraestructura no está dando respuesta al riesgo, o está deteriorada, no cumple su función».
Pero más allá de la infraestructura y el alcohol, el especialista regresa una y otra vez a un punto que considera estructural: la falta de formación previa para obtener la licencia de conducir. «Hoy en gran parte del país se accede a una licencia sin haber pasado por un proceso de formación teórica y práctica real», advierte.
La comparación con España es contundente: «allá, nadie tramita una licencia porque practicó tres domingos con el papá. Se forman en escuelas profesionales donde pueden equivocarse, volver a practicar, aprender de verdad». Para Botta, la debilidad del sistema argentino es profunda: «el Estado habilita con un examen muy discutible. Le dice a la sociedad ‘esta persona está capacitada’, cuando quizá ni siquiera se le hizo una buena revisación física». A eso se suma un desconocimiento notable sobre reglas básicas de convivencia vial. «Hay un gran desconocimiento no sólo legal, sino práctico, de cómo resolver conflictos en la circulación», resume.
Tres acciones para cambiar el panorama
Al pedirle medidas concretas, Botta Bernaus propone un conjunto simple pero decisivo:
«Lo primero que tenemos que hacer es que tanto los choferes como las empresas como el Estado no crean que el cinturón arriba de un ómnibus es una cuestión más, es una cuestión esencial», enfatiza el especialista. «¿Por qué? Porque cuando se accidenta un vehículo que lleva 50 pasajeros y tenemos seis o siete muertos de arriba del vehículo que uno pensaría que está más protegido, la mayoría de esos casos tiene que ver justamente con el no uso del cinturón.» Y va más allá: «nosotros hoy tendremos elementos técnicos para que ningún ómnibus arranque si no tienen todos los pasajeros abrochados el cinturón, pero ni siquiera lo estamos planteando».
«El segundo tema es definir con mucha más seriedad lo que son las necesidades antes de habilitar a un conductor», señala Botta Bernaus. La propuesta es clara: «fomentar la existencia de verdaderas escuelas profesionales en donde la persona pueda practicar, aprender, equivocarse y volver a practicar hasta que lo aprende y no tener que aprender mientras maneja un vehículo por la vía pública».
«Y lo tercero, que estos temas los hablemos no sólo cuando ocurra una tragedia con nueve muertos, sino cada vez que podamos en la familia», concluye el especialista. «Porque no hay nadie, ningún integrante de esta sociedad que no está en riesgo de perder la vida en un accidente de tránsito.»
Para Botta Bernaus, la seguridad vial no es un debate técnico ni sectorial: es una responsabilidad compartida y permanente. «Nosotros tenemos que revalorizar mucho la importancia de estar muy atentos a los riesgos, de eso se ocupa la seguridad vial», enfatiza. El riesgo, insiste, no distingue. Por eso la conversación no puede esperar a las tragedias.
La pregunta que deja el especialista es incómoda pero necesaria: ¿cuántas muertes evitables más vamos a contar antes de implementar lo que ya sabemos que funciona? El cinturón obligatorio en ómnibus existe como tecnología. Las escuelas profesionales de manejo existen como modelo probado en otros países. La infraestructura de contención es un estándar conocido.
«La formación vial sería el gran cambio que no estamos haciendo, ni siquiera figura en los proyectos», lamenta Botta Bernaus. Y concluye con una advertencia que resume tres décadas de trabajo analizando siniestros: «de eso se ocupa la seguridad vial: de anticiparse al riesgo. Y ahí estamos fallando».
