Jorge Furlan, Coordinador General de Prudencia Seguros, examina el presente de las coberturas masivas y explica cómo la pérdida de capacidad de consumo, los cambios en la composición de la producción y la caída de vehículos asegurados plantean nuevos desafíos para las aseguradoras.

El desarrollo de las coberturas masivas en Argentina estuvo fuertemente liderado por dos grandes segmentos: el seguro de automotores y los seguros de personas.
La consolidación de estos rubros tiene antecedentes que se remontan varias décadas atrás. En el caso del seguro automotor, un hito fundamental fue la generalización de la obligatoriedad del seguro de Responsabilidad Civil para circular, proceso que terminó de consolidarse con la sanción de la Ley Nacional de Tránsito N.º 24.449 en 1994, que estableció la exigencia del seguro obligatorio para todos los vehículos automotores. Esta disposición amplió significativamente la base de asegurados y convirtió al seguro automotor en el principal ramo de acceso masivo al mercado asegurador.
Esa exigencia también estuvo acompañada, inicialmente, por el aumento sostenido del parque automotor, la labor que llevó a cabo la ex Caja Nacional de Ahorro y Seguro que tuvo una participación destacada en el desarrollo de este ramo facilitando el acceso a coberturas de responsabilidad civil en aquel entonces ilimitadas, y daños propios, en todo el territorio nacional. Su presencia contribuyó a consolidar una visión del seguro como herramienta de protección social y económica, sentando las bases para la posterior expansión del mercado asegurador privado.
El seguro de automotores permitió incorporar millones de asegurados al sistema y generó importantes avances en materia de segmentación de riesgos, servicios de asistencia y canales de comercialización. Con el tiempo, la competencia no dejó de centrarse en los niveles comisionarios, en el costo del premio y la incorporación de propuestas de valor vinculadas a los servicios adicionales, la tecnología y la experiencia siniestral del cliente.
Por su parte, en el caso de los seguros de personas, podemos señalar que los seguros colectivos de vida son el inicio del desarrollo de este sector de negocios ya que comenzaron a incorporarse gradualmente en diversos convenios colectivos de trabajo durante las décadas de 1960 y 1970, aunque su verdadero desarrollo masivo se produjo a partir de los años 80 y, especialmente, durante la década de 1990, cuando la expansión del empleo formal y los convenios colectivos, dieron un fuerte impulso al crecimiento de la cobertura, como así también lo fue la participación de empresas de servicios públicos, cooperativas, mutuales y grandes cadenas comerciales con propuestas de seguros simples, primas accesibles y mecanismos de cobranza eficientes.
Los seguros colectivos de vida representaron la principal herramienta de democratización de la protección personal, permitiendo alcanzar una escala que difícilmente hubiera sido posible a través de los canales tradicionales de venta individual.»
En ambos casos señalados anteriormente, la masificación estuvo sustentada en economías de escala, procesos operativos simplificados y una creciente profesionalización de las estrategias comerciales. Más recientemente, la transformación digital comenzó a modificar los modelos tradicionales de distribución, incorporando canales digitales, venta embebida y nuevas herramientas de análisis de datos. Sin embargo, el contexto económico de los últimos años ha generado desafíos importantes para sostener el crecimiento y la permanencia de los asegurados, especialmente en los segmentos de ingresos medios.
Ahora bien, al 31/03/2026 sobre la producción total del mercado, el seguro de personas representó el 13%, el de automóviles el 41% y Riesgos del Trabajo 24%, combinados familiares 0.06%. O sea que, entre estas coberturas, representan un 78% de la producción total del mercado.
El crecimiento porcentual de los montos de la prima emitida en el ejercicio fue un 6% en automóviles, un 8.15% en riesgos del trabajo y un 13.2% vida, combinados familiares 8%, en todos los casos muy lejos del incremento del costo de vida al consumidor que fue algo superior al 30%
En el caso del riesgo de automóviles podemos señalar que la producción de prima emitida fue un 6% inferior respecto de los totales generales de los otros riesgos masivos señalados en el interanual al 31/03/2025, pero lo más importante de mostrar es que la cantidad de automóviles particulares expuestos a riesgos, o sea asegurados, disminuyó un 1.3% o sea 264.725 unidades menos cubiertas entre el 31/12/2023 y el 31/12/2026 (Autos particulares asegurados al 31/12/2023: 7.997.593, Autos particulares asegurados al 31/12/2025: 7.732.868 (según SSN) y debiendo tener en cuenta como muy importante que se patentaron nuevas unidades en ese período de 414.041 en el 2024 y 612.178 en el 2025 (según ACARA)
Es decir, que, aunque entre 2024 y 2025 se patentaron más de 1 millón de vehículos 0 km (1.026.219 unidades sumando ambos años), el stock de automóviles particulares asegurados cayó en aproximadamente 265.000 unidades. Esto sugiere que una parte importante de los patentamientos sustituyó vehículos existentes que salieron de circulación o migraron de categoría, más que expandir el parque asegurado de automóviles particulares.
Ese contraste permite sostener que el crecimiento de 0 km no se tradujo automáticamente en una expansión del universo asegurado de automóviles particulares, lo cual nos muestra un dato relevante para analizar la evolución del negocio minorista de automotores.
Más aún podemos sostener lo señalado si consideramos que en 2025, aproximadamente el 47% de los vehículos 0 km se adquirieron mediante algún mecanismo de financiación (prenda bancaria, crédito de terminal, plan de ahorro, financiación de concesionarios, etc.), lo cual hace suponer que el financiamiento exige contar con el seguro.
Durante 2024 la financiación todavía tenía una participación relativamente baja por las elevadas tasas de interés. En 2025 el crédito automotor se recuperó fuertemente y alcanzó el nivel más alto de los últimos años, impulsado por préstamos bancarios, financiación de terminales y planes de ahorro.
En el caso de los seguros de personas, la participación en el total de prima emitida por el mercado para este tipo de cobertura, en la comparación interanual marzo de 2025/2026, el seguro de vida colectivo disminuyó en un 3% su incidencia en el total, y, por el contrario, el de mayor crecimiento de representatividad fue la emisión de los seguros de saldos deudores con un 3% de mayor significación.
Tengamos en cuenta que la cobertura de vida para cubrir saldos deudores, al igual que el mayor porcentaje del primaje de los de vida individual tienen su origen en seguros embebidos de créditos por financiamiento u otro tipo de prestación que no tiene su origen en la decisión del asegurado en su contratación.
Por lo tanto, un factor que no puede soslayarse al analizar las perspectivas de las coberturas masivas es la restricción presupuestaria que enfrentan amplios sectores de la sociedad argentina. La premisa económica de que «no hay plata», que se traduce en una menor disponibilidad de ingresos para el consumo de bienes y servicios no esenciales, impacta particularmente sobre la clase media, históricamente uno de los principales demandantes de seguros minoristas masivos
Frente a la necesidad de priorizar gastos vinculados a vivienda, alimentación, salud y educación, muchos hogares revisan o postergan la contratación de coberturas voluntarias, reducen sumas aseguradas o directamente cancelan productos considerados prescindibles.
Esta realidad obliga a las aseguradoras a replantear sus estrategias comerciales, desarrollando soluciones más accesibles, modulares y flexibles, capaces de demostrar claramente el valor de la protección ofrecida. En este contexto, el desafío no consiste únicamente en vender seguros, sino en convencer al consumidor de que la cobertura constituye una herramienta de preservación patrimonial y estabilidad financiera frente a contingencias cada vez más frecuentes.
En los tipos de coberturas mencionadas anteriormente que componen la mayor participación de la prima total emitida por el mercado, la condición indispensable para su evolución es la recuperación de la capacidad de ahorro y consumo de la clase media argentina.
Las coberturas masivas como las comentadas, se apoyan en productos de bajo costo unitario y alto volumen, por lo que requieren una base amplia de consumidores con ingresos suficientes para incorporar mecanismos de protección a su presupuesto cotidiano. Cuando la economía obliga a destinar la totalidad de los ingresos a necesidades inmediatas, el seguro deja de ser una prioridad, aun cuando la necesidad de cobertura siga existiendo.
Por ello, más allá de la innovación tecnológica, de los nuevos canales de distribución o de los avances regulatorios, el crecimiento sostenido de este negocio estará estrechamente vinculado a la consolidación de un entorno económico que permita a las familias recuperar previsibilidad, capacidad de consumo y confianza en el futuro.

