Una mirada sobre el 2025, con la nariz asomada al 2026.

Con el diario del lunes es fácil. Pero es bueno siempre hacer un resumen de lo sucedido para interpretar los procesos de cambio y la marcha de los acontecimientos, e intentar proyectar el futuro.

Este año que finaliza, 2025, parece ser un momento bisagra en varios aspectos.

En primer lugar, vivimos la inestabilidad producto del fenómeno electoral; que siempre provoca incertidumbre y reducción de actividad económica de la mano de las prevenciones por eventuales cambios de rumbo, presión sobre el tipo de cambio e incremento de los conflictos sociales -a veces reales y otras promovidos por determinados intereses-. La confrontación de dos modelos político-económicos con enfoques totalmente opuestos, y la multiplicidad de intereses sectoriales (y personales), nos dejaron un ring salpicado de transpiración, donde las mordidas de oreja al estilo Tysson fueron casi cotidianas. Cuando corremos el velo de estas confrontaciones, impregnadas casi siempre de intereses por poder y búsqueda de control de los resortes institucionales, nos quedamos con contadas muestras de madurez política y voluntad de encontrar acuerdos en beneficio del conjunto de los argentinos.

Terminadas las trompadas, por suerte siempre dentro del marco institucional democrático, y al fortalecer el gobierno su peso parlamentario, el escenario económico se consolida en la senda del equilibrio fiscal y baja inflación. La baja de incertidumbre se ha traducido en incremento de actividad en estos últimos dos meses del año.

Esto no significa que la puja haya terminado, lejos de eso, la tensión de la cuerda sigue alta y cada oportunidad para promover cambio de eje de poder será capitalizada. Tendrá el gobierno que ir dando pasos muy concretos y firmes, para evitar esos ataques a su propuesta que afecten la credibilidad de la sociedad. Tonto sería creer que el resultado electoral se puede repetir si no llegan a la gente los beneficios del modelo propuesto.

El Seguro, que viene de ejercicios malos, no ha estado exento de estas convulsiones, y es claro que tiene el desafío de poner nuevamente la atención en los resultados técnicos positivos, habida cuenta de la menor rentabilidad de las colocaciones financieras. Si bien una economía recobrando paulatinamente actividad, con múltiples proyectos de inversión significativos, podría acelerar la demanda de servicios asegurativos, no es posible dejar de mirar y trabajar las cuentas de gastos, pensadas para escenarios de muy fuertes rendimientos financieros. Se requiere en este nuevo escenario, ser realmente más competitivo en el core del negocio asegurador. Muestra de esto es que, si bien la producción viene creciendo en términos reales, los resultados todavía presentan problemas. Sin duda este acomodamiento de los modelos de gestión y la búsqueda de rentabilidad requerirá de gran muñeca y decisiones prontas a los directivos.

Es posible que algunas logren equilibrio por el incremento de negocios: el cambio de contexto macro y la vuelta de tasas más cercanas a las internacionales, reflejado en la baja de la inflación, el menor riesgo país, la vuelta paulatina del crédito y las oportunidades de Argentina como jugador global en la oferta de energía y minera, significarán mejores oportunidades para el desarrollo de la actividad económica e impactará transitivamente en la producción de seguros. Negocios corporativos derivados de energía, minería y agro; el desarrollo de productos para personas, como ahorro o salud; pueden ser las estrellas de los próximos años. La recuperación de las oportunidades laborales y el valor del trabajo tiene la posibilidad de fundarse en bases reales y no insufladas, derivando en un consumo que tienda a recuperarse y un incremento de las coberturas minoristas. Lamentablemente, esto llevará al menos un año más, en nuestro criterio, para poder percibirse.

Este escenario de cambio afectará sin duda los resultados de muchas empresas. Para proteger los intereses de los asegurados en ese contexto, es una buena noticia que la SSN no ha estado como otras veces mirando para otro lado, y ha seguido de cerca la situación y tomado medidas. Sigue instrumentando sistemas de información para seguimiento más preciso. Creemos que eso es institucionalmente positivo. La verdad debe ser la realidad, no un discurso.

A nivel global y local, uno de los fenómenos que sigue preocupando, luego entusiasmando y haciendo pensar a los ejecutivos, comerciales, agentes, viene de la mano del avance de las soluciones de IA. Si bien su impacto en Seguros todavía es primario, es fundamental mantenerse en condiciones de surfear esa ola. Es difícil saber cuándo y que tan profundamente afectará, pero es indudable que cambiará muchas de las reglas del juego actual. Y lo hará más rápido que tarde. La IA aprende más rápido que nosotros, por lo tanto evoluciona más rápido que lo que estamos acostumbrados a aceptar como normal en estos procesos.

Un elemento de la realidad que también ha estado presente este año es el hecho de que el canal tradicional de venta de seguros, el de productores asesores de seguros, sigue consolidándose y mejorando su participación a pesar de las iniciativas tecnológicas que pretenden desplazarlo. Lo real, hoy y ahora, es que las empresas siguen validando el canal de productores asesores como el medio idóneo y más potente. Por supuesto, y como siempre decimos, quienes logren la mezcla óptima de tecnología y asesoramiento profesional obtendrán los mejores resultados.

A nivel social, presenciamos diariamente la tensión de personas trabajadoras, jubilados, estudiantes a los cuales el sinceramiento de precios ha afectado realmente y, por otro lado, de agrupaciones bancadas hasta aquí con fondos públicos que no quieren perder las prerrogativas que gozaban. Diferenciar entre estos dos grupos de interés, con poderes y métodos de actuar muy distintos, y tratarlos en forma políticamente correcta es uno de los principales desafíos de estos próximos dos años. Ni hablar de la presión sindical por mantener prerrogativas que, en un contexto de imperiosa necesidad de recomposición del salario, se presentan como impropias.

En el escenario externo, muchos elementos ponen a Argentina, como proveedora de alimentos y, si se continua con el desarrollo, energía; en un lugar de privilegio para el mundo en conflicto actual. Argentina por su ubicación geográfica, estará lejos de los escenarios de conflicto directo, pero estará afectada, posiblemente beneficiada, por la demanda global. No es casual el interés reciente de EEUU por apoyarnos. No hay generosidad, hay mirada estratégica. A la luz de ello, Argentina debe aprovechar para desarrollar industrias y logística que le permitan aportar a las necesidades del mundo. Por supuesto, nadie quiere la guerra. En ese sentido el gobierno trabaja para mejorar aspectos que le permitan licitar las redes de ferrocarriles, una necesidad crucial para volver a ser un protagonista exportador, además de una fuente de eficiencia malograda por las políticas anteriores

El peronismo, históricamente dominante en el marco de decisiones políticas por su predominio en los poderes del estado, está atravesado por disputas internas muy profundas. Ideológicamente irreconciliables. Lo que antes fue su poder (aglutinar cuadros diversos y lograr el equilibrio entre ellos), hoy, cada vez con menos fuentes de financiación desde el estado que mantengan la unión artificial, se ha convertido en su problema. Claro, esa es la consecuencia de su problema real, que derivó en los resultados eleccionarios: no haber podido generar mejores condiciones sociales en materia de estabilidad, educación, trabajo, oportunidades, seguridad, salud, crédito; es decir haber fracasado en su propia propuesta básica. La gente miró y decidió. Por supuesto, si las políticas actuales funcionan y hacen que la gente mejore su calidad de vida -que hoy está en la columna del debe- podremos seguir adelante, caso contrario, volveremos a oscilar.

De cara a 2026 tenemos un camino que parece -como siempre lo fue- promisorio, pero muy turbulento y dependiente de las habilidades de la clase gobernante y empresaria para consolidar este camino, que es más cercano a lo que el mundo occidental ha hecho para desarrollarse y construir bienestar de su población. Aunque no puede dejarse de lado la avalancha asiática, que está compitiendo con un nivel de eficiencia en calidad y precios impresionante. Si bien tenemos que desarrollarnos, ser esencialmente proveedores de materias primas, puede ser un beneficio frente a esa amenaza. Estamos viviendo en el día a día el costo de esa transformación hacia una economía distinta. Llevará tiempo ver los resultados y las tendencias que se observen durante el próximo año serán determinantes para el humor social.

Que 2026 nos encuentre unidos, trabajando, proyectando ideas y pensando en lo que debe hacerse más que en resguardar intereses o posiciones. Si nos esforzamos tal vez lo logremos.

Felicidades les desea el equipo de El Seguro en acción.

Eduardo Galeazzi

Director

El Seguro en acción

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