Guerra en Medio Oriente: cuando el riesgo sistémico supera la capacidad aseguradora

La escalada bélica en Medio Oriente expone una dimensión poco visible pero decisiva del comercio global: el rol del seguro como infraestructura que permite que los mercados funcionen. Para el analista de Celent, Fabio Sarrico, la crisis en torno al Estrecho de Ormuz revela hasta qué punto los riesgos sistémicos pueden tensionar la capacidad del sistema asegurador y obliga a repensar cómo se evalúan y gestionan las exposiciones en un mundo interconectado.

Los conflictos geopolíticos suelen analizarse en términos militares, diplomáticos o energéticos. Sin embargo, detrás de cada crisis internacional existe otra estructura silenciosa que sostiene el funcionamiento del comercio mundial: el sistema de seguros. A partir de la reciente escalada en el Golfo Pérsico, Fabio Sarrico advierte que los riesgos sistémicos actuales —capaces de impactar simultáneamente en transporte marítimo, energía, finanzas y logística— están poniendo a prueba los límites del mercado asegurador tradicional. En ese escenario, comprender cómo se mueve el riesgo y cómo responde el seguro se vuelve una cuestión estratégica para la estabilidad económica global.

Por Fabio Sarrico, Analista Senior de Celent.

Risk in Motion: Cuando el riesgo sistémico supera la capacidad aseguradora

La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, iniciada el 28 de febrero, ya no se limita a una crisis geopolítica regional. Al entrar en su segunda semana, sus efectos se propagan a través de los mercados energéticos, las redes logísticas, los sistemas financieros y, cada vez más claramente, hacia el sistema asegurador que sostiene el comercio global.

Uno de los focos críticos es el Estrecho de Ormuz, por donde circulan cerca del 20% del petróleo global y una parte significativa del gas natural licuado. Al 9 de marzo, el tráfico marítimo en la zona permanece severamente afectado: centenares de petroleros han detenido su tránsito o desviado rutas, mientras operadores marítimos, traders energéticos y aseguradoras reevalúan continuamente el riesgo de navegación.

Los mercados energéticos reflejan inmediatamente esta tensión. También al 9 de marzo, el Brent supera los 100 dólares por barril y se aproxima a los 120 dólares, niveles no vistos desde los primeros meses de la guerra en Ucrania. La retórica también escala. Ebrahim Zolfighari, portavoz de una de las alas de la Guardia Revolucionaria iraní (IRGC), advirtió: “Si pueden permitirse el petróleo a 200 dólares por barril, que sigan jugando a este juego.”

Las consecuencias ya alcanzan otros sistemas. La aviación en hubs clave del Golfo —como Dubái, Abu Dabi y Doha— enfrenta disrupciones operativas, mientras los mercados bursátiles en Europa y Asia reaccionan ante el riesgo de una crisis energética prolongada. Algunos gobiernos altamente dependientes de las importaciones energéticas ya comienzan a adoptar medidas de estabilización.

Lo que empieza como una escalada militar se convierte rápidamente en un shock que atraviesa logística, energía, finanzas y comercio global.

Pero hay otra capa crítica que ahora se vuelve visible: el seguro.

El seguro como infraestructura del comercio global

El transporte marítimo internacional no puede operar sin cobertura de seguros. Las pólizas de war risk son indispensables para que los buques ingresen a zonas de conflicto, y la disponibilidad de esa cobertura determina si los barcos pueden navegar.

A medida que aumenta la tensión en el Golfo, las aseguradoras reevalúan la exposición al riesgo de guerra para los buques que operan cerca de Ormuz. La posibilidad de ataques con misiles, drones o sabotaje contra buques e infraestructura portuaria altera radicalmente el entorno de riesgo.

Ante el endurecimiento del mercado, el gobierno de Estados Unidos anunció un mecanismo de reaseguro de 20.000 millones de dólares para respaldar el seguro marítimo en la región. En la práctica, Washington actúa como reasegurador de última instancia para evitar que la falta de cobertura paralice el transporte marítimo.

Sin embargo, la escala del riesgo plantea dudas sobre la suficiencia de esa intervención.

Natasha Kaneva, Global Head of Commodities Strategy de J.P. Morgan, estima que aproximadamente 329 petroleros podrían verse expuestos al riesgo en la región del Golfo. Asegurar completamente esos buques —considerando daños al casco, contaminación petrolera, operaciones de rescate y reclamaciones de terceros— podría requerir hasta 352.000 millones de dólares en cobertura.

Un solo incidente que involucre un gran petrolero podría generar daños ambientales y siniestros por decenas de miles de millones de dólares. Para el mercado reasegurador, esto plantea un desafío distinto al de las catástrofes naturales tradicionales: los conflictos geopolíticos pueden generar pérdidas correlacionadas en marítimo, energía, aviación, crédito comercial y riesgo político.

Fabio Sarrico

Cuando cambia la percepción del riesgo

En el transporte marítimo, las pólizas estándar excluyen los riesgos de guerra, que requieren coberturas específicas de war risk. Estas pueden activarse o ajustarse cuando determinadas zonas pasan a considerarse de mayor inestabilidad geopolítica.

El mercado asegurador mantiene listas de áreas de alto riesgo —como las definidas por el Joint War Committee del mercado de Londres— que permiten modificar rápidamente las condiciones de aseguramiento. Cuando cambia la percepción del riesgo, pueden aplicarse primas adicionales, notificaciones obligatorias o restricciones vinculadas a la ruta.

En corredores estratégicos como el Golfo Pérsico o el Mar Rojo, ese cambio de percepción se traduce casi de inmediato en nuevas condiciones aseguradoras.

Curiosamente, el propio seguro marítimo ya contiene elementos de lo que hoy empieza a describirse como underwriting adaptativo. Las coberturas de war risk se han ajustado durante décadas según el contexto geopolítico y las rutas de navegación. Pero estos mecanismos siguen dependiendo en gran medida de procesos manuales.

De la suscripción estática a la suscripción líquida

En mi informe Liquid Underwriting: Transforming Underwriting into a Living System, sostengo que la suscripción debe evolucionar desde una decisión puntual hacia un proceso continuo de interpretación del riesgo.

En un entorno donde el riesgo puede transformarse en cuestión de horas, las aseguradoras necesitan la capacidad de:

  • monitorear exposiciones continuamente
  • interpretar señales externas
  • reevaluar concentraciones de riesgo dinámicamente
  • activar protección de reaseguro cuando cambian las condiciones del riesgo

Este modelo —que denomino Liquid Underwriting— concibe la suscripción como un sistema vivo que conecta decisiones individuales con la exposición agregada del portafolio.

Figura: Fundamentos Arquitetônicos para Liquid Underwriting

Funte: Celent Report: Liquid Underwriting: Transforming Underwriting into a Living System

Lograr esta capacidad requiere una arquitectura capaz de integrar señales externas en tiempo casi real —como datos geoespaciales, seguimiento satelital de buques, información logística o alertas de seguridad marítima— y traducirlas en decisiones de suscripción y gestión de reaseguro.

Una prueba de estrés para el sistema asegurador

El conflicto en el Golfo está poniendo a prueba la arquitectura del riesgo que sostiene el comercio global. La intervención del gobierno estadounidense muestra cómo los Estados pueden verse obligados a actuar cuando los riesgos sistémicos superan la capacidad del mercado asegurador privado.

Pero para las aseguradoras la lección es más profunda.

En una economía global interconectada, el riesgo ya no se comporta como eventos aislados. Se comporta como una red en movimiento.

Y en ese entorno, la ventaja competitiva dependerá cada vez más de la capacidad de interpretar señales externas, monitorear exposiciones dinámicamente y adaptar decisiones de suscripción y reaseguro en tiempo real.

Porque cuando el riesgo se mueve más rápido que los ciclos tradicionales del seguro, la suscripción ya no puede ser estática.

Debe volverse líquida.

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